Cuatro días de violentas protestas en París tras la violación de un joven por parte de policías



La presunta violación con una porra de policía a un joven durante su arresto en la periferia de París, que desató disturbios durante varios días, levanta de nuevo la cuestión sobre la relación entre la policía y la población de los barrios conflictivos en Francia.

"¡Estoy harta de los cowboys en los barrios!", grita Houria, de 44 años, en una manifestación para reclamar justicia para Théo, organizada por madres en Aulnay-sous-Bois, la localidad donde ocurrieron los hechos el jueves pasado, al norte de París.

Théo, el joven negro de 22 años al que el presidente François Hollande visitó el martes en el hospital, pidió, por su parte, a los jóvenes que "no hicieran la guerra" contra la policía, luego de tres noches de altercados.



Aunque los franceses tienen, en general, una buena imagen de la policía (un 82% de opiniones favorables, según un sondeo de enero de 2016), especialmente en el contexto de los atentados yihadistas que han sacudido el país en 2015 y 2016, la relación con los jóvenes es problemática en los sectores conflictivos en Francia, donde las fuerzas de seguridad son vistas como un elemento hostil.

Esta cuestión ya surgió durante los disturbios que estallaron en el país en 2005 tras la muerte, en una localidad muy cercana a Aulnay-sous-Bois, de dos adolescentes electrocutados que huían de la policía. En aquellos altercados, que duraron tres semanas, se quemaron 10.000 coches y 6.000 personas fueron detenidas.

Hostilidad casi permanente

"Si tú no has crecido aquí, no lo puedes entender. Vivimos con una policía que es agresiva. Los insultos son normales; los golpes, frecuentes", explica Chris, de 27 años, en Aulnay-sous-Bois.


Una investigación del defensor de los derechos divulgada en enero muestra que los jóvenes negros o árabes tienen 20 veces más de posibilidades de ser sometidos a un control de identidad, lo que alimenta "un sentimiento de discriminación y de desconfianza".

Esta situación genera "un estado de hostilidad casi permanente contra la policía", afirma el investigador Christian Mouhanna.


Por su parte, los policías dicen sentirse impotentes. "Cuando son menores, intentamos hablarles, pero se quedan siempre silenciosos", cuenta Hanem Hamouda, comisaria de Corbeil-Essonne, en la periferia sudeste de París.

"Tenemos cada vez más actos violentos con armas contra los policías (…). El objetivo ya no es atacar al policía sino ir tras su vida", reitera Frédéric Lagache, del sindicato de policía Alliance.

Para Sébastian Rocher, director de investigación en el CNRS, "estas malas relaciones, esta hostilidad, deben compararse con la situación en Alemania, donde la minoría turca tiene una buena opinión de la policía, gracias —sobre todo— a una verdadera estrategia de formación de los agentes".

En Aulnay-sous-Bois, los altercados cesaron tras el llamado de Théo. Pero la indignación sigue latente. "Queremos justicia. Si no, esto volverá a empezar, peor que en (las revueltas de) 2005″, asegura Mohamed, de 24 años.


@infobae